La Divina Misericordia: la historia de una monja polaca y una imagen que recorrió el mundo

San Francisco de Asís habló con los animales, pero eso no es lo más increíble de su historia

June 15, 2026

Iglesias de Panamá que guardan historia: la Catedral Basílica Santa María la Antigua

June 15, 2026

San Francisco de Asís habló con los animales, pero eso no es lo más increíble de su historia

June 15, 2026

Iglesias de Panamá que guardan historia: la Catedral Basílica Santa María la Antigua

June 15, 2026

Era una religiosa sin estudios teológicos, de salud frágil y vida sencilla. Sin embargo, Santa Faustina Kowalska dejó escritos que transformaron la espiritualidad católica del siglo XX. Esta es la historia de cómo nació la devoción a la Divina Misericordia.

Helena Kowalska nació en 1905 en una familia campesina polaca. A los veinte años ingresó a la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia, tomando el nombre de Faustina. Murió trece años después, en 1938, a los treinta y tres años, consumida por la tuberculosis.

Entre su ingreso al convento y su muerte, llevó un diario que ella misma tituló "La Misericordia Divina en mi alma". En sus páginas describe visiones de Jesús, quien le pide que difunda su mensaje de misericordia al mundo y le encarga pintar una imagen específica: la figura de Cristo con dos rayos que brotan de su pecho —uno rojo, uno blanco— y la inscripción "Jesús, en ti confío."

Esa imagen hoy se encuentra en millones de hogares católicos alrededor del mundo, incluyendo Panamá. Pero su camino no fue fácil.

Inicialmente, los escritos de Faustina fueron objeto de desconfianza. En 1959, el Santo Oficio incluso prohibió temporalmente la difusión de la devoción, citando problemas con las traducciones. La prohibición fue levantada en 1978 tras una investigación más profunda de los escritos originales en polaco.

Ese mismo año fue elegido papa un obispo polaco que conocía los escritos de Faustina desde hacía décadas: Karol Wojtyla, Juan Pablo II. Él la beatificó en 1993 y la canonizó en el año 2000, el mismo día en que instituyó el Domingo de la Divina Misericordia —el segundo domingo de Pascua— como fiesta de la Iglesia universal.

La monja que nadie esperaba cambió el calendario de la Iglesia.