Los ángeles en la Biblia: ni alas de paloma ni bebés con arco. Así los describen las Escrituras

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Las representaciones artísticas han suavizado la imagen de los ángeles durante siglos. Pero cuando los ángeles aparecen en la Biblia, casi siempre dicen lo mismo: 'No tengas miedo.' Esa frase sola debería decirnos algo sobre cómo son realmente.

Cuando el ángel Gabriel se aparece a María en el Evangelio de Lucas, lo primero que dice es: "No temas." Cuando los ángeles se aparecen a los pastores en Belén, dicen: "No tengan miedo." Cuando el ángel aparece en el sepulcro vacío, repite la misma fórmula.

Esa insistencia en "no temas" sugiere que la presencia angélica, en la experiencia bíblica, era algo que naturalmente causaba temor. No la imagen de un ser alado y sonriente pintada en el techo de una basílica barroca.

La Biblia describe a los ángeles de diversas maneras. En algunos textos son tan parecidos a los hombres que pasan desapercibidos: los tres visitantes que llegan a Abraham son tratados como hombres normales hasta que su mensaje revela su naturaleza. En otros textos, la descripción es desconcertante: los serafines de Isaías tienen seis alas y rodean el trono de Dios gritando "Santo, Santo, Santo." El profeta cae derribado.

La tradición católica reconoce nueve coros o jerarquías angélicas, organizados en tres grupos: serafines, querubines y tronos en el primero; dominaciones, virtudes y potestades en el segundo; principados, arcángeles y ángeles en el tercero. Solo en el último grupo están los ángeles que interactúan habitualmente con los humanos.

Tres arcángeles tienen nombre en las Escrituras canónicas: Miguel, Gabriel y Rafael. Miguel es el guerrero celeste, el que vence al dragón. Gabriel es el mensajero de las grandes noticias de salvación. Rafael —cuyo nombre significa "Dios sana"— acompaña a Tobías en su viaje y lo protege.

Creer en los ángeles no es romanticismo espiritual. Es confiar en que la realidad tiene más capas de las que los ojos perciben.