El Magnificat: la oración de María que lleva dos mil años resonando en la Iglesia

Cómo vivir la fe sin morir en el intento: 7 hábitos espirituales sencillos para el día a día

June 15, 2026

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Cuando María visita a su prima Isabel, algo la desborda y estalla en un canto. Ese canto —el Magnificat— lleva veinte siglos siendo rezado cada tarde por la Iglesia entera. Es la oración más larga puesta en boca de María en todo el Evangelio. Y es más subversiva de lo que parece.

Lucas 1:46-55. María, embarazada y recién llegada a casa de Isabel, escucha de su prima las primeras palabras que alguien le dice sobre lo que está ocurriendo en su interior. Y entonces canta.

"Magnifica mi alma al Señor, y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humildad de su sierva..."

El Magnificat tiene estructura poética. Fluye con el ritmo de los Salmos que María había aprendido desde niña. Es un canto de alabanza que va de lo personal —lo que Dios ha hecho por ella— a lo universal —lo que Dios hace siempre en la historia.

Y en esa dimensión universal hay una tensión que a menudo pasa inadvertida: "Derribó a los poderosos de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos los colmó de bienes y a los ricos los despidió vacíos."

Los teólogos de la liberación encontraron en estos versos un programa social. Los Padres de la Iglesia encontraron en ellos la lógica de la Encarnación: Dios que se hace pequeño para exaltar lo pequeño. Ambas lecturas tienen fundamento en el texto.

La Iglesia Católica reza el Magnificat cada tarde en la Liturgia de las Horas, en el oficio de Vísperas. Ha sido rezado así, ininterrumpidamente, durante más de quince siglos. Bach lo musicalizó. Palestrina lo musicalizó. Monteverdi lo musicalizó. Más de dos mil compositores han intentado capturar en música lo que María expresó en ese instante.

El Magnificat es la voz de una adolescente judía que entendió, antes que nadie, lo que estaba por ocurrir en el mundo. Y eligió cantar.